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Introducción


Introducción



El objetivo de este informe es visibilizar las diferencias que, de acuerdo al género de las personas, pueden encontrarse en el ámbito del mercado de trabajo, los ingresos que perciben, la cantidad de horas que trabajan semanalmente, la distribución de las tareas domésticas. También se indaga sobre la expresión de estos mismos fenómenos en la distribución del ingreso a nivel social. Para ello se presenta una serie de indicadores, cuadros y gráficos de elaboración propia, que intentan responder preguntas como ¿Cómo se compone el mercado de trabajo de acuerdo al género de las personas?, ¿Hay diferencia entre varones y mujeres cuando hablamos de trabajo informal?¿Y cuando hablamos de cargos jerárquicos?, ¿Qué tanta diferencia hay entre los ingresos de los varones y de las mujeres?, ¿Los varones cobran más por cada hora trabajada?, ¿Trabajan las mujeres menos horas que los varones?, ¿Y qué pasa si consideramos trabajo no sólo a lo que se remunera sino también al trabajo doméstico?.

Para realizar los cálculos se utilizan bases de datos publicadas por la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. Esta encuesta releva características demográficas, sociales, económicas, con especial atención a las formas de participación en el mercado laboral, entre hogares y personas de 31 aglomerados urbanos.

Los indicadores presentados se encuentran desagregados según la variable disponible, que indica el sexo declarado por las personas respondentes de la encuesta, de acuerdo a una distinción binaria. Bregamos por la incorporación definitiva de una pregunta que nos permita tener información sobre la identidad de género de las personas en el próximo censo nacional, además de la referida al sexo asignado al nacer. La población trans-travesti históricamente ha sido excluida mediante violencia física, simbólica, psicológica, sexual y económica del sistema educativo, de salud y del trabajo formal. Dada la situación de vulnerabilidad a la que muches se enfrentan, resulta fundamental que estén presentes en las estadísticas oficiales.

El documento se realizó utilizando el lenguaje de programación R, y para les curioses todo el código se encuentra disponible para su descarga4.

Obviamente, estás invitade a utilizar estos datos en notas, reflexiones, trabajos, infografías, etc5. Además, si te gusta lo que hacemos podés apoyarnos potenciando nuestros proyectos, haciéndote socie del #ClubEcofeminita o realizando una donación.


1 Julieta Moure es economista (FCE-UBA) y se encuentra maestrando en Políticas Públicas en la UTDT.

2 Daiana Serpa es economista (FCE-UBA) especializada en análisis de datos.

3 Natsumi Shokida es economista (FCE-UBA), coordinadora de EcoFemiData, el área de datos de Economía Femini(s)ta.

4 Presionando en_ Code > Download Rmd _se accede a la descarga de la sintaxis completa de este informe, que incluye la descarga automática de las bases de la EPH utilizadas, una serie de funciones útiles y la elaboración de cuadros y gráficos con el lenguaje R.

5 Si necesitás citarnos en un trabajo, podés hacerlo como: “Moure, J.; Serpa, D.; Shokida, N. (XX/XX/2020) La desigualdad de género se puede medir. 4to trimestre 2019. Economía Femini(s)ta. Recuperado de https://ecofeminita.github.io/EcoFemiData/informe_desigualdad_genero/trim_2019_04/informe.nb.html

Mercado de Trabajo


Sobre la composición del Mercado de Trabajo



En esta sección se intenta dar cuenta de las asimetrías que existen en el mercado de trabajo en cuanto a su composición. Para esto se utilizan las tasas de actividad, empleo, desempleo y subocupación según el sexo de las personas, para ver qué tan masculinizado se encuentra el mismo y ver si las mujeres encuentran más problemas a la hora de conseguir un empleo. También se analizan estos indicadores teniendo en cuenta la edad de las personas, y se examina la incidencia de la informalidad en las relaciones de dependencia de asalariados y asalariadas. A su vez, se grafica la diferencia en acceso a cargos jerárquicos y la estructura de las diferentes ramas de ocupación, vinculando estos datos a las ideas de segregación vertical y horizontal en el mercado de trabajo.


Tasas básicas


En primer lugar se presentan algunos indicadores clásicos (utilizados a nivel internacional) que caracterizan la composición del mercado de trabajo, desagregados según el sexo.

La tasa de actividad es la relación entre aquellos que participan en el mercado de trabajo (ya sea como ocupados o como desocupados) y la población total. En este caso, dicha tasa es ampliamente mayor entre los varones (la diferencia supera los 20 puntos porcentuales). Esta discrepancia podría ser explicada por múltiples causas. Una de ellas es que una importante porción de las mujeres en edad laboral dediquen su tiempo a realizar tareas domésticas no remuneradas, en lugar de tener una actividad en el mercado de trabajo. Otra razón posible podría ser el hecho de que las mujeres tiendan, en promedio, a educarse más que sus pares varones. La tasa de empleo, por su parte, exhibe la proporción de ocupados entre la población total. La diferencia entre varones y mujeres en este caso también supera los 20 puntos, denotando el mismo fenómeno anteriormente mencionado.

Es importante aclarar que estas tasas expresan el comportamiento agregado de la población, y que las diferencias entre varones y mujeres sufren variaciones si se tienen en cuenta otras variables, como pueden ser los grupos de edad, el nivel educativo, la presencia de niñes en el hogar o el nivel de ingresos.

Figura 1.


A diferencia de las tasas anteriores, las tasas de desocupación y subocupación expresan la proporción que estos grupos representan en la Población Económicamente Activa. En este caso, ambas tasas son mayores para las mujeres que para los varones. Esto señala que, incluso siendo minoría en el mercado de trabajo, las mujeres tendrían más dificultades para conseguir trabajo y/o para trabajar una jornada completa.

En su conjunto, los cuatro indicadores presentados en esta sección muestran una primera imagen de la problemática que enfrentan las mujeres en el mercado de trabajo argentino.

Figura 2.